12 de enero de 2009

Todos los que son, todo lo que son ...

Están todos los que tienen que estar”, pensó, satisfecho, sentado desde la Presidencia de la Asamblea General, desde donde podía observar todo el auditorio. No quedaba nadie de los que eran molestos, de los que osaban pensar y cuestionar su modo de actuar. Su plan de extinción estaba funcionando. Ya no quedaba mucho. “Si, yo me iré”, se dijo, “pero lo haré como Atila”. No podía ser de otro modo. El relevo era lo de menos. Pero había que acabar la puesta en escena. El espectáculo debía continuar…

Sí, definitivamente se sentía satisfecho. Pasaría a la historia … Se había desecho de aquellos que tenían conciencia (maldita conciencia). No importaba cómo: el fin – y no como metáfora- justificaba todos los actos.

Llegó el momento: “por favor, ir pasando a la sala y tomar asiento. Vamos a comenzar. Intentaremos ser rigurosos con los tiempos y así no retrasarnos”.

Y así, sin más preámbulo, se levantó el telón…

La reunión transcurrió sin incidentes. Todos se conocían desde hacía tiempo, se sonreían, se saludaban. Se podía adivinar que escondía cada una de aquellas sonrisas, cada uno de aquellos saludos.

“¿Cómo es posible que todavía duren tanto estas reuniones, si estamos todos de acuerdo en todo?” Pero dejó caer sus ojos. En el fondo, sabía la respuesta.

Llegó el momento de la clausura de la Asamblea. Con ella, el final de su gloriosa gestión. Miró con admiración a la Directora General saliente. “Que gran mujer”, pensó. Esperaba con expectación su discurso. Sabía que aprendería, que se emocionaría, incluso que se excitaría. Se acercó al micrófono de mesa que estaba delante de él y cogiéndolo suavemente entre sus dedos dijo “tiene la palabra la Directora General Saliente”.

Imponente, como es ella, llenando con su presencia el escenario, avanzó hacia el atril. Todos los compromisarios se pusieron en pie, aplaudiendo, coreando su nombre…

Con paso firme, pero estudiado, recorrió la distancia que le separaba hasta el atril. Sabía lo que tenía que hacer. Saludó al auditorio emocionada. No pudo, no quiso contener las lágrimas que acudieron a sus ojos y que se deslizaron por sus mejillas…Pidió con un gesto de su mano, tras lanzar un beso a los presentes, que tomaran asientos…y pacientemente comenzó su discurso:

“…Ha sido para mí un placer, un orgullo y una inmensa satisfacción haber sido vuestra voz, vuestra imagen, durante este mandato…

…Ha llegado el momento del relevo como Directora General. Pero no os preocupéis, las manos en las que dejo nuestra empresa son amables, pero firmes; bellas, pero certeras…

…No me voy, sólo es un hasta mañana…

…Como sabéis he compartido responsabilidades, momentos difíciles y duros en los que todos me habéis ayudado a seguir…gracias (una vez mas emocionada).

…Por eso, en este emotivo acto, y para que podáis ser testigos/notarios de mi firme decisión, aquí digo, pongo a disposición de mi gran amiga, a la persona que hemos elegido hoy como Directora General -aprovecho para congratularme de que de nuevo sea una mujer- mi cargo como representante de esta nuestra empresa ante la administración…. Te hago entrega, del escrito de mi renuncia..(la voz, con gesto estudiado, se le quiebra)

he de coger aire, un pequeño mareo no vendría mal” – pensó- mientras avanzaba hacía la nueva Gestora con el manuscrito en la mano…

La nueva Directora General se levanta para fundirse, no podía ser menos, en un intenso y emocionado abrazo…

El auditorio parece venirse abajo…flashes de periodistas, móviles y cámaras digitales…todo el mundo quiere inmortalizar este momento.

De nuevo con el micrófono entre las manos, la emoción contenida y un brillo en los ojos, anuncia: “Tiene la palabra nuestra nueva Directora General

Poco a poco los compromisarios se van calmando y acomodándose de nuevo en las butacas.

“…gracias amiga…muchas gracias. La verdad es que estoy tan emocionada que apenas puedo articular palabras.

…Antes de comenzar mi saludo a la sala, quiero dirigirme a nuestra Directora General Saliente que, una vez más, ha hecho un alarde de lealtad, de respeto a esta empresa y de ética y saber estar…”

Mirando directamente a los ojos de la directora saliente:

“…No amiga, no hay ningún motivo para que dejes de ser nuestra GRAN, y lo digo con mayúsculas, nuestra GRAN representante en la administración. Has sido nuestra voz, aunque en ocasiones hayan querido acallarte; has sido nuestro orgullo, aunque te haya costado incluso la salud; has sido nuestra guía. El espejo en el que mirarnos, el faro que ha guiado nuestro destino. Y no estamos dispuestos a que dejes de serlo. NO ESTAMOS DISPUESTOS !!…”

El auditorio, completamente embriagado, ahora sí, de orgullo y pasión, se dejan arrastrar por la misma y empiezan a invadir el escenario, Todos quieren tocar a sus líderes…la marea humana es imposible de frenar… el éxtasis es universal.

…El final…

…El final podéis escribirlo cada uno de vosotros…pero eso sí…será seguro el final.